Por Jorge D. Canto E.

Uno de los temas más controvertidos en la historia de la interpretación bíblica es la explicación coherente de la soberanía divina y la responsabilidad humana. ¿Cómo se relacionan? ¿Cómo encajan? ¿Pueden coexistir ambas realidades? ¿Es posible hablar de una verdadera capacidad de elección por parte de los seres humanos si Dios ha predeterminado todo mediante un decreto eterno e inmutable, o si, de antemano, conocía el potencial pecador de la humanidad y aun así permitió que ocurriera?

Quienes abogan por un determinismo duro y rígido ven en Judas (quien traicionó a Jesús) un ejemplo de doble predestinación, donde Dios decide, desde la eternidad, la condenación de ciertos seres humanos. El caso del traidor del Mesías se presenta como una muestra clara de esta desgarradora realidad. Títulos como “hijo de perdición” y la afirmación de que su decisión pecaminosa fue para “que se cumpliesen las Escrituras” (Jn 17:12) llevan a muchos cristianos sinceros a considerar la posibilidad de que este hombre haya sido elegido divinamente para cumplir ese rol y recibir un juicio condenatorio; en consecuencia, lo interpretan como un ejemplo de la elección para perdición de los impíos (véase la imagen del barro y el alfarero en Romanos 9).

Sin duda, no podemos resolver dos mil años de debate en un solo escrito. Sin embargo, podemos ofrecer una perspectiva que ayude a clarificar algunas aristas de este caso tan controversial. En ese sentido, el comentario del erudito pentecostal Craig S. Keener puede arrojar luz sobre la visión judía de la predestinación y el libre albedrío, al tiempo que nos llama a la humildad:

La predicación de la predestinación o del conocimiento previo (8:29) no cancela el libre albedrío; la mayoría del judaísmo aceptaba tanto la soberanía de Dios como la responsabilidad humana. La idea de que uno tiene que escoger entre ambas es una construcción posterior al NT, basada en la lógica griega.[1]

Aun así, es posible sostener que el caso de Judas no es uno de predestinación para la perdición, sino que las Escrituras apuntan al conocimiento previo de Dios acerca de su decisión. El Dios de la Biblia es un Dios que ama a los pecadores y concede un margen de libertad de elección (incluso a Judas), y que, al conocer de antemano todo acontecimiento futuro, puede presagiar lo que sucederá.

¿Quién fue Judas Iscariote?

Es importante entender que Judas Iscariote fue un discípulo del Señor Jesús (Mt. 10:2-4;Mc. 3:16-19; Lc 6:13-16; Hch. 1:13-16). No hay que confundirlo, en primer lugar, con uno de los doce: Judas hermano de Jacobo (Mc 3:16-19; Lc 6:13-16), quien la tradición y la lógica adjudicó la misma identidad que Tadeo (Mt 10:2-4; Mc. 3:16-19). El evangelio de Juan aclara que este Judas no es el traidor: “Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros y no al mundo? (Jn. 14:22). En segundo lugar, se debe diferenciar del escritor de la epístola que la tradición adjudica al hermano del Señor y hermano de Jacobo, obispo de Jerusalén, conocido de igual forma como hermano del Señor (Mt. 13:55; Mc. 6:3; Cf. Ga. 1:18-19; Jd. 1). Todo parece indicar que el nombre Judas era muy común y compartido por un número basto de judíos de aquel tiempo, así como también Jacobo e incluso Jesús.

El Judas que traicionó al Mesías tenía otro nombre: Iscariote, el cual, aunque es incierto, podría significar “ish Qeriyyoth”, hombre de Queriot, población en Judá cerca de Hebrón. Otras interpretaciones menos comunes sugieren que podría significar "asesino" o "bandido", o estar relacionado con palabras que significan "bolsa de cuero" o "asesino asalariado" . [2] Es por ello que se ha especulado que fue posible que haya crecido con una familia zelote o revolucionaria.

La imagen con la que se representa en los evangelios es la de un discípulo avaro y ladrón que no llegó a la decisión que tomó de la noche a la mañana, si no que su deplorable acto llegó después de un proceso de endurecimiento del corazón. Según Juan 12:4-6, él tiene una queja acerca del perfume que fue derramado a los pies de Jesús por María Magdalena, reclamando el “desperdicio” porque de haberse vendido se pudo haber ayudado a los pobres. Juan nos dice que Judas robó aquella bolsa de la tesorería y los marginados sólo eran una excusa para hacer lo que acostumbraba.

Participante de la comunidad escatológica

Hans Conzelmann sostuvo que el reemplazo de Judas por Matías después de su muerte fue algo necesario para la comunidad mesiánica naciente: “No todos los apóstoles deben ser reemplazados, sino solo este que ahora se ha perdido, para que el número necesario de doce pueda ser llenado nuevamente. Los apóstoles son considerados como representantes del Israel escatológico.”[3] La necesidad surge por el hecho de que todos los apóstoles son los representantes de las doce tribus de Israel, y por ende, simbolismo del pueblo nuevo de Dios. Antes de que el Espíritu pudiera descender, esta comunidad debería estar bien definida. Si el reemplazo fue menester, es lógico entender que Judas tenía una parte importante dentro de la comisión apostólica.

Así Marcos 3:13-15 nos dice que Jesús llamó a los que él quiso. Los estableció, y mandó a predicar y a echar fuera demonios. Pero lo más importante en el relato de Marcos, es que estos doce fueron convocados con el propósito de estar con él, aprendiendo por tres años de su ministerio y obra. Judas estaba incluido en esta comisión. El propósito del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo es la salvación del mundo y no su condenación (Jn.1:29; 3:16, 17). Sus elegidos tenían la razón de ser, de predicar esta reconciliación, y de igual manera, ellos debían ser parte de ella.

Lavamiento de pies, cena del Señor y la amistad en la traición

Según Juan 13:15-17, los discípulos fueron sorprendidos en la noche de la Pascua (noche que instituyó su cena), cuando el Maestro decidió lavarle los pies, como un servidor de cada uno de ellos. El traidor tuvo parte en tal sorprendente acto, acto que se acostumbraba a delegar a los esclavos de la casa por parte de su señor. Todo lo contrario a lo que Jesús decidió hacer. Siendo Iscariote quién lo traicionaría, el Mesías le corresponde su desleal decisión con amor, humildad y misericordia. De hecho, esta ceremonia era tan importante, porque si alguno se negaba a recibirla, no tendría parte con Jesús (Jn. 13:8). Judas recibe esta buena voluntad a pesar de que Jesús sabría de su traición y de su deserción de sus elegidos (vv.17-20). Sin embargo, el lenguaje de servicio de Mateo 20:28 y Marcos 10:45 se puede ver en el acto del lavamiento y en la reflexión sobre él en boca del Señor. Los discípulos debían servir a los demás, como él lo hizo. Y esta tradición se enraiza en la entrega del siervo de Isaías 53:11 con el fin de  justificar a los muchos. Jesús no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos, aunque exista resistencia a dicho acto. Judas, a pesar de su maldad y traición, es receptor de los actos bondadosos del Mesías.

Además, aunque hay un gran debate con respecto a si el apóstol traidor participó en la institución de la cena del Señor, hay un consenso en que al menos estuvo en el tiempo de comunión antes de llevar a cabo su cometido, degustando así, el pan con Jesús y los demás discípulos, tal como atestigua la tradición sinóptica y el evangelio de Juan (a pesar de sus discrepancias de la cena pascual). Este entendimiento hizo que Leonardo Da Vinci colocara a Judas en su obra La Última Cena. Si bien, en los discursos del Espíritu y de la amistad filial ya no se encontraba entre sus compañeros, Judas tuvo toda la buena disposición del Maestro para un cambio de actitud.

Frente al acto de cobardía de entregar a su Maestro, Mateo 26:50 registra que Jesús llama “amigo” a su enemigo traidor. Nolland dice: Mateo es el único escritor del NT que utiliza ἑταῖρος, y cada vez es el vocativo ἑταῖρε. La palabra marca la existencia de algo en común con la otra persona. Aquí ése será el lugar de Judas como uno de los Doce. [4] Aun si el tono de Jesús es irónico y busca resaltar la acción despreciable de Judas, también pudiera ser un llamado a una última reflexión hacia su persona. Nuestro Señor nunca estuvo dividido ni tenía doble intención en su corazón.

La responsabilidad de Judas